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Mario Rojas: 'Me importa un carajo lo que se meta Jorge González, la huella ya está'


El creador de la cueca 'González, Tapia y Narea”, que representa a Chile en la competencia folclórica, es un personaje. Admira a González y lo trata de entender desde sus zapatos de un cantor sin fama. Reconoce que hace poco lo tomaron preso, junto a un amigo músico, por fumarse un pito en la calle y sabe que Viña es un lugar complejo... pero vino a ganar.

- Jorge González... el prisionero
- Viña partió con Quinta 'nuevita de paquete' y homenaje a Los Prisioneros en el folclor
- Artículos relacionados con el Festival de Viña


Por: Sergio Benavides
Fuente: PrimeraLínea

Dos express y un cortado. Al frente un gigante de la música popular. Mario Rojas habla de “González, Tapia y Narea”, una cueca homenaje a Los Prisioneros, que participa en Festival de Viña y que nació mucho antes del reencuentro de los “San Miguelinos” y, por su puesto, de la detención de Jorge González por porte de cocaína. Sin embargo, el compositor declama “Me importa un carajo lo que se meta González, la huella ya está”.

¿Cómo se sintieron ayer?
Antes de la actuación estábamos medio asustados porque las pruebas de sonido no fueron satisfactorias. El espacio es nuevo y el sonido rebotaba. Quedamos con la idea de que sonaría mal. Por suerte sonó bien.

Pero eso es referido al sonido. ¿Y el alma? Me imagino que supiste lo de Jorge González.
Mira, de eso me enteré ayer en la mañana. Me dio mucha lata, básicamente porque la prensa engorda este tipo de noticias. Creo que si le encontraron un “mote” (coca) en el auto es asunto de él, me da lo mismo. Jorge es un tipo adulto, bastante inteligente, que yo admiro mucho y me importa realmente un queso lo que se haya metido. El tema de nosotros está dedicado a estos cabros chicos de San Miguel, que en los 80 se pararon en algunos escenarios y dijeron cosas bastante lúcidas, dentro de todo lo que había. Igual tenían contradicciones porque eran cabros. Ahora, el otro punto es que cualquiera de nosotros hubiera querido ser estrella de rock a los 18 años y ellos lo fueron. Eso merece respeto. Dejaron una huella imborrable. Lo que haga Jorge es asunto de él.

Pero ese mismo mensaje que dejó se aportilla con este tipo de contradicciones. Él dijo que estaba recuperado ¿Por qué miente?

Es que a lo mejor lo sentía. Cuando uno tiene una adicción, imagino, hay momentos en que uno cree que está limpio, que salió. Si eres alcohólico, en muchas oportunidades en el proceso del alcoholismo puedes decir: pucha, al fin estoy limpio. Sin embargo, en un mes “te encontrai” con un amigo y es imposible resistir y vuelves a caer. Creo que eso es natural. Yo no sé el grado de adicción que pueda tener Jorge González y me importa un carajo, me da absolutamente lo mismo. Uno debiera tener libertad. A mí me metieron preso por pitos hace poco y tuve que ir a un siquiatra en el psiquiátrico. ¿Me entendís?. (Todos reímos)

¿Cómo fue eso?
Estaba con un amigo músico, en la calle, y nos fumamos un cuete y me metieron preso.

Pero la marihuana es diferente.
Bueno, pero a lo que voy es a que me da lo mismo. Insisto, Jorge González puede hacer lo que quiera con su vida, la huella ya la dejó.

Más allá del cuento de la droga, son las contradicciones las que perturban.
Uno no está en el mundo para vivir dejando mensajes o mentiras. Yo no sé si Jorge se habrá esmerado en dejar esos mensajes. Yo no sé si habrá llamado a conferencia de prensa para decir “cabros hasta aquí llegué”. Quizás también tiene sentido que le saque partido a que lo hayan metido preso. Eso pertenece a un mundo que yo desconozco. Yo no conozco ese tipo de éxito en esto del arte, en el sentido de que los medios estén pendiente de mí. Entonces esa onda me es absolutamente ajena, no sé lo que él experimenta. No sé lo que es que yo me fume un pito en una esquina y que me llamen al día siguiente para decirme “oye la cagaste” o “muy bien Marito fúmate otro”. Ese mundo pertenece a una esfera de la proyección pública.

¿Y con De Kiruza?
De Kiruza nunca fue masivo, cuando yo estaba en ese proyecto. El grupo fue siempre alternativo. Por diferentes razones, por la personalidad de Pedro Foncea o porque el proyecto que construimos juntos se disolvió y después se transformó en algo de Pedro.

¿Eso te afectó en algún momento?
No, para nada. Para mí era demasiado exigente ese período porque yo era medio viejón y me agotaba fácil. Las locuras ya me tenían chato. Eran todos locos y querían ser estrellas de rock. Yo venía con otra idea, venía de Nicaragua, yo era medio canto nuevo mezclado con nueva trova. Entonces me vi rodeado por estos cabros chicos que querían ser estrellas. Me cansé y me fui, pero mis canciones quedaron ahí y Pedro las siguió cantando, eso es un honor para mí.

Volvamos al tema. ¿Cuál es tu opinión de Jorge González?
Yo lo admiro. Es un tipo que se desgarra en sus composiciones. Sus canciones siempre llevan un pedazo de corazón. No es fácil de conseguir en el pop, porque hay una pose marcada.

¿Cómo nació la canción en competencia?
Nació en las escuelas de rock donde yo trabajo con Claudio Narea, en Linares. Fue el año pasado, en unos talleres de cueca que hago. El Claudio da talleres de blues. Entonces, estaba con un grupo de cabros y les enseñaba las estructuras de la cueca y se me ocurrió hacer una letra que tuviera que ver con el profe que estaba la semana anterior (que había sido el Claudio). Para aterrizar y amarrar la cueca con el blues y el taller, empecé a desarrollarlo. Después lo metí en una producción Fondart. También lo íbamos a grabar con Mauricio Redolés, pero al final no lo hicimos. Después la mandé al festival. Nadie tenía idea que Los Prisioneros se iban a juntar. Fue lo peor que podrían haber hecho pa’ mi canción…(todos reímos) Pero bueno, así es la vida. Igual el homenaje sigue siendo súper sentido. Me parece notable que vengan de un barrio popular, que hayan sido cabros chicos, con todas las contradicciones que puede implicar un discurso. Yo me saco el sombrero frente a eso.

¿Por qué Viña, con todo lo que es Viña?
¡Yo sé hueón! (ríe) Esa es la contradicción más grande, es ahí donde está la contradicción. Si te digo la verdad, tengo que tocar el punto de que esto es un concurso que tiene incentivos importantes. Esos incentivos son económicos y necesarios para la subsistencia y para el desarrollo del trabajo de uno. Me parece bien que los premios sean buenos, porque así buenos compositores se motivan a participar. Una es proyectar el trabajo de uno, y dos, de una vez por todas ganarse 30 mil dólares pos hueón (ríe). Yo no sé si alguien le preguntó a Nicanor Parra si le molestó ganarse el premio Juan Rulfo. Es un concurso.

¡Bienvenidos los premios!
Sí claro. Y el Fondart también, para eso está, hay que postular.

¿Independiente de lo que signifiquen?
Claro.

¿Estás cómodo?
No, de ninguna manera. Hay una parte frívola que no lo deja cómodo a uno y expresar eso es lo más peligroso para mi participación, pero debo ser honesto es un poco fría esta parte. Hay gente que yo veo en la tele que lo pasa súper bien… cosa de ellos. En todo caso aquí tenemos la posibilidad y la ventana para dar a conocer la cueca, eso es bueno y me motiva tremendamente.

Mañana enjuiciaremos la competencia folclórica con la mirada de Héctor Pavez



Jueves 21 de Febrero de 2002
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