PolíticaEconomíaCulturaComunidadDeporte
PortadaMapa del SitioForos de Opinión

Mario Escobar

Corte acogió desafuero de diputado UDI

PPD

Los esfuerzos por perfilar a Fernando Flores

Discusión de marzo

Reforma a la salud se traslada al Senado

Taller de Acción Comunitaria en Valparaíso

En el Cerro Cordillera se hace mágico el futuro

Virtualia

René Thom, el padre de la teoría de las catástrofes

Desnudo de cuneta

El Milico: la historia del conscripto Llanos

Poesía

Spleen de París, pequeños (bellos) poemas en prosa

Tocatas y Conciertos

Cartelesa: Adiós amigo, goodbye my friend (De colección)

CarteDVD

Siempre quise tener un escarabajo amarillo

Foro ciudadano

El voluntariado está barriendo con el individualismo

Fútbol Argentino

Presidente de River mantiene su apoyo a Pellegrini




Háganos su página de inicio

Agréguenos a sus favoritos

 Política | Ver más de esta sección | Enviar | Imprimir

Ataques contra las Torres Gemelas y el Pentágono marcarán un antes y un después en la historia

El día en que EE.UU. se hizo vulnerable


La mortífera jornada del martes estableció un antes y un después en el orden mundial. Los peores temores de amenazas provenientes de enemigos desconocidos se hicieron realidad, concretando el nuevo 'equilibrio' internacional que se venía gestando desde el fin de la Guerra Fría, en 1989. Doce años después, el coloso del norte vio cómo era burlada su calidad de potencia mundial.


Por: Claudia Maldonado
Fuente: PrimeraLínea

Como con tinta indeleble quedarán grabadas en la memoria de los estadounidenses, y de gran parte del mundo, las aterradoras imágenes de los atentados que demostraron que la principal potencia mundial podía ser vulnerada por el peor de los terrorismos, aquel que no tiene rostro.

La mortífera jornada del martes estableció un antes y un después en el orden mundial. Los peores temores de amenazas provenientes de enemigos desconocidos se hicieron realidad, concretando el nuevo 'equilibrio' internacional que se venía gestando desde el fin de la Guerra Fría, en 1989.

Hasta ese año, y desde 1945 cuando terminó la II Guerra Mundial, Estados Unidos mantuvo un 'equilibrio del terror' con la otra superpotencia nuclear, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Fueron más de cuatro décadas en que el mundo vivió bajo la constante amenaza del estallido de una guerra nuclear que, de haberse concretado, habría significado probablemente el fin de la humanidad.

Ese orden mundial, basado en la disuasión de las armas de destrucción masiva, fue reemplazado esta semana por la angustiante constatación de que el poder no sólo radica en el armamento.

Doce años después del fin de la Guerra Fría, Estados Unidos vio con horror cómo era burlada su calidad de principal potencia mundial, líder indiscutido de occidente, poseedor de la más alta tecnología en sus fuerzas militares y de inteligencia.

Un modelo herido

El ataque fue certero, no sólo provocó destrucción y muerte, sino que hirió profundamente los símbolos de un modelo de sociedad.

Las Torres Gemelas, imponentes construcciones que albergaban a decenas de empresas transnacionales en el Centro de Comercio Mundial en Nueva York, se desplomaron como probablemente a los atacantes les gustaría ver desplomarse el capitalismo que representaban.

Además, el sentimiento de superioridad y poder de occidente y del país del norte fue ofendido con la destrucción de una de las cinco alas del Pentágono, sede del Departamento de Defensa estadounidense.

Así como los objetivos fueron cuidadosamente escogidos, también lo fueron los métodos de ataque. Los terroristas transformaron en armas mortales enormes aviones de líneas aéreas emblemáticas: United y American Airlines. Y para hacerlo, aparentemente sólo utilizaron simples cuchillos cartoneros, con los que redujeron a preparadas tripulaciones y secuestraron vuelos internos, cuyos pasajeros -266 en total- eran en su mayoría estadounidenses.

Como si nada hubiera sido dejado al azar, el impacto en la primera de las torres -que en un comienzo se creyó un accidente- provocó la conmoción necesaria para congregar a los equipos de rescate -lo que produjo más víctimas- y a los periodistas y camarógrafos nacionales y extranjeros.

Así, los terroristas se aseguraron de que la humillación de la gran potencia fuera difundida por los mismos medios de comunicación que Estados Unidos se ha encargado de propagar por el mundo y que utiliza para mostrar y masificar su cultura.

De acuerdo con las investigaciones del FBI, los secuestradores utilizaron además las facilidades que la gran potencia les ofrecía para estudiar pilotaje y entrenarse para conducir las aeronaves a su destrucción.

Golpe de gracia

Junto a todo lo humillante que puede ser lo anterior hay algo peor, tan increíble como cierto: Estados Unidos fue incapaz siquiera de intuir el ataque y, como golpe de gracia, no ha podido determinar quién está detrás de la agresión.

Conscientes que la incertidumbre es algo que desgasta hasta la desesperación, las autoridades estadounidenses se han esmerado en demostrar su determinación de castigar a los culpables. No obstante, se han visto ante la dificultad de definir hacia dónde apuntar sus misiles.

Pero con la misma intención de dar alguna seguridad a sus ciudadanos en medio de la perplejidad, los servicios de inteligencia se ha ocupado de difundir informaciones sobre detenciones y pistas referidas a sospechosos con conexiones islámicas.

Pese a que no han exhibido ninguna evidencia, insisten en la responsabilidad del millonario saudita y financista de grupos terroristas fundamentalistas musulmanes Osama Bin Laden. Sindicado como el hombre más buscado por la policía estadounidense, el líder integrista aparece como el único capaz de organizar un ataque tan sincronizado y 'perfecto'.

No obstante, voceros del millonario han insistido en que no tiene relación con los atentados.

Lo complejo de la situación que enfrentan las autoridades es que, si efectivamente Bin Laden no fue el 'cerebro' de esta operación de terror, entonces ¿quién fue?.

Así sean los seguidores de este hombre u otros los responsables, el hecho es que en su estrategia también contemplaron, en un lugar destacado, el ataque sicológico. ¿Cómo puede Estados Unidos, 'vencedor' de la Guerra Fría, admitir que desconoce quién es su principal enemigo?.


Esta será, sin duda, una de las características del nuevo orden mundial más difíciles de asimilar.

Durante casi medio siglo los gobiernos de Washington enfrentaron un contendor tangible, contra el que eventualmente podían tomar represalias en caso de agresión. La URSS tenía dirigentes, territorio, población, zonas de influencia, ideología e, incluso, armas claramente identificables.

Ahora todo ha cambiado. Estados Unidos desconoce la identidad, los motivos, el poder y las intenciones últimas de su nuevo enemigo.

Osadía ilimitada

Además de mantenerse en el anonimato, este rival demostró que su osadía traspasa los límites conocidos. Quedó en evidencia cómo la inteligencia de mentes retorcidas no vacila en desafiar al país militar y económicamente más poderoso.

Las toneladas de escombros, los miles de cadáveres descuartizados, la sicosis y el temor colectivos demostraron también que el fanatismo es capaz de desestabilizar a la superpotencia hasta llevarla a movilizar todo su aparato de guerra, pero sin saber hacia dónde apuntar.

Esta falta de un objetivo llevará a una tensión semejante a la de la Guerra Fría, durante la cual -sin un enfrentamiento global- se vivió una época de gran violencia localizada y bajo la permanente amenaza de una total destrucción.
Entonces, el mundo entero se verá involucrado porque cuando no hay un culpable todos son sospechosos.

Siguiendo la pista islámica, las autoridades de Washington registrarán cada rincón del planeta -incluida Latinoamérica- en la búsqueda de culpables. Tal como ocurrió en los '70, cuando perseguía cualquier atisbo de comunismo, Estados Unidos aumentará su hostilidad hacia todo lo que huela a Islam.

Así como en la Guerra Fría, la neutralidad será prácticamente imposible pues quien no sea aliado será un potencial enemigo, candidato a ser víctima de la ira estadounidense.

La paranoia llevará a buena parte de la comunidad internacional a exacerbar los valores occidentales para no despertar suspicacias. Esto por cuanto el análisis básico de los hechos de este 'martes negro' demuestra que la intención de los ataques era cuestionar y desequilibrar el modelo capitalista y liberal que caracteriza a la civilización occidental. Y estuvieron cerca de lograrlo. Sólo la rápida suspensión de importantes actividades evitó el colapso económico que anunciaban la caída de las bolsas, el alza del petróleo y otros indicadores.

En consideración de lo anterior es que, a la hora de buscar responsables, las miradas se dirigieron inmediatamente a quienes rechazan ese modelo y plantean la necesidad de su destrucción para establecer otro tipo de sociedad: los islámicos fundamentalistas.

De este modo, la hipótesis planteada por Samuel Huntington en su libro 'El choque de las civilizaciones' para explicar el mundo posguerra fría, se volvió preocupantemente realista tras los ataques a Nueva York y Washington.

El autor previó que, superado el enfrentamiento ideológico tras la caída de los socialismos reales, la nueva batalla se daría entre culturas distintas. Advirtió además que 'la dimensión fundamental y más peligrosa de la política global que está surgiendo sería el conflicto entre grupos de civilizaciones diferentes', cuestión que, aparentemente, tomó dramática forma este once de septiembre de 2001.



Sábado 15 de Septiembre de 2001
Volver a Portada de Política 
Portada
MICO
Columnas
Al Minuto

-Suprema designó ministro en visita para caso Berríos (16:30)

- Gobierno optimista por acuerdo en agenda de modernización (16:00)

-Defensor ciudadano presentó las principales denuncias recibidas (15:28)

-Abogado de empresarios confirmó pagos para campañas políticas (13:56)

-Documento que refunda la Concertación se conocerá en marzo (13:15)

-Confusam molesta por no ser incluida en discusión de modernización del Estado (12:50)

-Otra vez más vuelve a subir la bencina(12:30)

Noticias del Día
Sus Opiniones
Opinión del lector
EDITORA GENERAL
Yasna Lewin
REPRESENTANTE LEGAL
Francisco Feres Nazarala
Empresa Periodística La Nación S.A.
Agustinas 1269, casilla 81-d Santiago
Teléfonos: (56-2) 7870252, Fax: (56-2) 7870230