A fines de la década de los 90', marcada por la crisis de participación juvenil y la desintegración de los movimientos sociales, aparece la
Funa. Accionar desconocido en nuestro país, que rompía con las tradicionales formas de hacer política de la izquierda. Aunque dentro de la propia agrupación no se reconozcan objetivos más allá de romper con la impunidad, convocan a actores mayoritariamente jóvenes, muchos de los cuales no participaron en partidos políticos. Quizás se está engendrando un nuevo movimiento, que rebasa lo partidista y las ideologías ya caducadas por el peso de la realidad.
El círculo se abre en las vigilias para esperar los fallos que decidirían la suerte de Pinochet en Londres. Un grupo de jóvenes, varios de ellos con padres detenidos desaparecidos y ejecutados políticos, forman HIJOS-Chile. En pleno paseo Ahumada explican los métodos de represión utilizados por la dictadura. Algunas personas devolvían volantes con teléfonos y direcciones de presuntos implicados. Otro tipo de acción se hacía necesaria.
Aunque en el diccionario de la RAE no figura el término, al rastrear en nuestras raíces podemos encontrar el significado. En mapudungun, funa quiere decir 'podrido'. Se trata de intervenciones callejeras de carácter festivo que buscan desenmascarar a los colaboradores directos y a los cómplices de la represión efectuada desde el Estado. La última acaba de efectuarse ayer, para repudiar al buque escuela Esmeralda, que el mismo
Informe Rettig establece como centro de tortura. Pasado el mediodía unas 300 personas marcharon desde el Congreso hasta la catedral de Valparaíso, interumpiendo la misa del sacerdote Gonzalo Duarte. En la oportunidad los manifestantes realizaron un homenaje a Miguel Woodward y leyeron declaraciones en que entregaron nombres de los agentes que habrían 'operado' en aquel recinto. Dos horas después arribaba la Esmeralda al puerto.
La Funa aglutina a distintos sectores: Acción, Verdad y Justicia (H.I.J.O.S.-Chile), el Comité 119, la Surda, el Colectivo Maestranza, el Colectivo Libertario JA, las Juventudes Comunistas, el Movimiento Patriótico Manuel Rodríguez, la Juventud Rebelde Miguel Enríquez, entre otras agrupaciones estudiantiles, sociales y juveniles. Los datos se recopilan de los procesos amnistiados o tramitados en fiscalías militares, y de relatos de los propios prisioneros sobrevivientes que pasaron por estos centros de tortura. Ya van quince funas y, sorprendentemente, nadie se ha querellado por injurias.
Alejandra López, una de las voceras, cuenta que los testimonios de los sobrevivientes han ayudado a recuperar la memoria histórica: 'Eso ha permitido ordenar lo que fue el aparato de represión en Chile: quiénes componían la DINA, el Comando Conjunto, qué recintos tenían...Hay muchos nombres: podríamos estar funando años'.
Julio Oliva, de la Comisión Prensa, continúa: 'Pensábamos que encontrarlos sería muy difícil; nos sorprendimos al ver que muchos estaban en las páginas amarillas o, muy ubicables, amparados en una impunidad que creen eterna. Este es uno de los principales motivos que nos mueven: el terminar con la impunidad reinante'.
El método ha cobrado tanto éxito que se ha extendido hacia otros sectores. Dicen que las funas a Héctor Salazar y a Pamela Pereira no las organizaron ellos, pero que tampoco les interesa aclarar o desmentir el asunto. Menos tienen que ver con las funas efectuadas a Frei y a Aylwin. Es que incluso, se ha formado un grupo de funeros de derecha. Son miembros del Movimiento Vitalicio Augusto Pinochet, que se organizaron para denunciar 'los excesos de la Concertación' y salir en defensa de los militares. Así llegaron hasta Punta Peuco para solidarizar con Manuel Contreras.
El círculo se cierra en octubre pasado. El movimiento originado con motivo de la detención de Pinochet cumplió un año, oportunidad en que con una fiesta se celebró la llegada del bombo empleado en Londres para protestar contra el dictador. Un símbolo que desde el día siguiente cobró un papel muy especial: había funa.
Otras formas de hacer política
'¡Olé, olé, olé, olá, como a los nazis les va a pasar, adonde vayan los iremos a funar!' . Los cánticos irrumpen en Ñuble con Vicuña Mackenna, son las 15:30 de un sábado cualquiera. Cerca de mil personas, mayoritariamente jóvenes se reúnen y marchan hasta la empresa Elecmetal y después a Megavisión.
De pronto entre la multitud una voz se eleva por sobre las otras. Es un joven con casco y vestido de overol, actor que representa a un obrero de la fábrica, asesinado en septiembre de 1973. 'Soy ejecutado político, en mi casa me decían Chama de cariño, y en la fábrica me decían el peluca por el pelo largo...', vocea el fantasma.
Entre el público se oyen algunos sollozos que estremecen; son los parientes de los ejecutados de la fábrica, impactados por la fuerza de la representación, de algún modo catártica. Los actores interpretan las vidas de los que aquí se vieron por última vez: los trabajadores José Devia, José Maldonado, Augusto Alcayaga, Miguel y Juan Fernández Cuevas y Guillermo Flores llegaron voluntariamente sin saber que serían entregados por el directorio de la compañía a los organismos de seguridad de la época. Así se denuncia en esta funa, coincidiendo con el relato de Mario Fernández Cuevas, sobreviviente y testigo que vio cómo sus dos hermanos junto a los otros cuatro obreros salieron esposados de la empresa.
Tenía 17 años cuando ocurrieron los hechos y ha dedicado el resto de su vida a una tarea: 'No voy a descansar hasta que a mis hermanos se les aplique justicia; no quiero dinero, no quiero nada más que la justicia...se presentaron escuchando el bando de Pinochet diciendo que no habría represalia. Los empresarios son los que entregaron a mis hermanos y a mi modo de ver ellos los mataron'.
Las narraciones son interrumpidas por gritos. Varios vehículos policiales aguardan en la calle junto a un piquete de efectivos. Al parecer solicitan que el grupo se retire. Hay un momento de tensión. Imposible huir, por un lado guanacos, zorrillos y varios policías, por otro una larga e infranqueable pared. Afortunadamente no hay violencia.
Frente a los estudios de Megavisión, todas las voces se unen para leer una declaración: 'El empresario Ricardo Claro Valdés formó parte del directorio de Elecmetal que entregó a sus trabajadores para que los asesinaran. Hoy es presidente del directorio de dicha empresa. También era dueño de la Compañía Sudamericana de Vapores al momento del golpe de Estado y facilitó sus barcos para que allí fueran torturados y hechos desaparecer muchos chilenos...'
El volante repartido sindica a Claro como uno de los hombres más ricos del mundo, dueño de varias empresas y de conglomerados comunicacionales. De acuerdo a esta información, luego del golpe, la empresa Elecmetal fue intervenida por la Junta Militar. '¡Ricardo Claro Valdés, estás funao!', concluye la lectura a modo de sentencia. Los trabajadores de Megavisión observan desde la planta alta.
La querella contra la Funa
En el último tiempo El Mercurio y La Red han realizado reportajes, a raíz de la querella por asociación ilícita interpuesta por el diputado de Renovación Nacional Maximiano Errázuriz contra algunos miembros de la Funa. En ninguno de ellos se entrevistó a los representantes, ni se buscó establecer la veracidad de las denuncias efectuadas. Reportajes más completos sólo se han visto en periódicos extranjeros, como El País .
El querellante explica las motivaciones que lo llevaron a iniciar un proceso legal: 'Del momento que llegan al domicilio de las personas, distribuyen volantes con fotos, con sus teléfonos, con su dirección, con altoparlantes, empiezan a gritar; por cierto que obligan a esa persona a cambiar de teléfono causándole un grave daño, pueden hasta obligarlo a cambiarse de casa o provocar un daño en la familia'. Consultado sobre los motivos por los que los afectados no se han querellado por calumnias, dice que es algo que debe hacerse personalmente: 'Quedan traumatizados con lo que les hacen, traumados, quedan tan asustados que no se atreven...y como yo no puedo presentar la querella por calumnias lo hago por asociación ilícita'.
Hasta el momento sólo dos personas han sido citadas a declarar, pero los miembros de la comisión temen que sean muchos más, porque de acuerdo a su visión lo que se quiere es conocer las jerarquías. Denuncian además recibir constantemente amenazas, llamadas telefónicas y algunos han sido seguidos en la vía pública.
De acuerdo al Informe de la Comisión Nacional de Reparación y Recociliación, elaborado con posterioridad al Informe Rettig, entre los muertos y desaparecidos se llega a una espantosa cifra: 3.197 personas. El régimen se ensañó particularmente con los sectores populares; la tercera parte de las víctimas fueron obreros como los de Elecmetal.
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